Algún día llegaremos a la luna

Algún día llegaremos a la luna
Fundación Jorge Guillén, 2008

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ST

New Yorker

Niñato

Sentir tu voz tan cerca, qué alegría,
saber que te me cruzas por la espalda
con cierta confianza pretendida,
con íntima amistad que me seduce.

Hace mucho que no hablamos.
Recuerdo que una vez te preocupaste
de hacerme sentir bien con tus palabras.
No importa que dijeras que me odias,
sabías que tu voz ya me bastaba.

Quisiera ser Bruce Lee para luchar
yo solo contra el mundo,
que mi cuerpo dispusiera de otro cuerpo de repuesto,
que mi mente se cansara de soñar.

Pero hace mucho que no hablamos.
Me fui huyendo de ti y no te olvidaba,
perdimos la amistad que nos unía,
y guardo tu presencia en mi presencia.

Que nunca se borre tu voz de mi mente,
dulce alegría.
Hace mucho que no hablamos.
Quizá ya ni recuerdes que te quise.

Y aunque hace mucho, mucho que no hablamos,
que no me das calor con esos gestos
que yo admiraba al margen del pecado,
hoy sólo sueño
con morir en un susurro de tus labios.

No juzgues tan rápido (4)

Mi lugar es el mundo

Mi lugar es el mundo.
No el cielo, ni el infierno,
ni la tenebrosidad de las iglesias.

No el canto de los pájaros
ni el bosque oscurecido.

Mi lugar es mi cuarto cerrado y rodeado
de libros y folios donde escribir mis poemas.

Mi lugar no es el nicho del que todos se olvidan,
no el museo ni el cine ni el río ni el jardín.

Mi lugar es el mundo que se crea en las páginas
de los libros que leo
de los poetas que leo
de los poetas de los que aprendo.

No juzgues tan rápido (3)

Quien me llamó

Desde tu voz que suena a ritmos caribeños,
desde una voz al otro lado del teléfono,
borracha, sin sentido, sin gramática académica,
queriendo sin decirlo ser cordial y apenas puede
juntar más de dos frases sin toser.
Desde esa voz que suena a lata y que de fondo
mantiene como en vilo compañías silenciosas,
desde tu voz en fiesta, (era ya de madrugada
y quisiste despertarme para no sé qué decir).
Desde esa voz que jadeaba allá a lo lejos,
desde otra voz que susurraba y que reía
y que se oyó; desde el otro lado de la línea
telefónica, no supe si eras tú quien me llamó.

No juzgues tan rápido (2)

¿No me recuerdas?

Acaso haya cambiado en estos años
tanto que ni yo mismo me reconozca.
No sé,
tal vez fue un sueño ayer el conocerte,
que habláramos bajo la lluvia del otoño,
sentir mi corazón cómo latía,
oír tu nombre y no querer saber tus años...
Hoy la ropa ya te queda estrecha, a la altura
del pecho, y los niños hacen cola
para hablarte. Acaso haya cambiado
en estos años tanto que ni yo mismo
me reconozca, pero he llegado lleno
de recuerdos, de lo que pudo ser,
de todo aquello; y por mi corte de pelo,
la barba, la poca luz del disco-pub o
el ciego que traías, por algo, no me has reconocido.

Tu prima se acerca y dice: perdónala,
está un poco borracha.
Y yo pido otro whisky para intentar
olvidarte.

No juzgues tan rápido (1)

Melboune #347

La capa de ozono está triste,
¿qué tendrá la capa de ozono?
Dicen que es por lo que le hicisteis,
yo no sé, no estaba aún en este planeta.
Acabo de llegar y me encuentro,
ante mi sorpresa,
con que vais a morir todos
abrasados y calcinados.

Mejor me voy.

La publicidad no engaña

Melopea

Puedo escribir los versos más cachondos esta noche.
Escribir, por ejemplo, que mañana iré a la playa
con mis gafas, mis bermudas y mi tabla.
En mi playa yo me tuesto al sol
mientras dejo que me observen y deseen.
Son las chicas que no aguantan verme así,
con las gotas de sudor entre mi vientre
modelado cual tableta de kit-kat.
Se desmayan. Me llaman la atención
los socorristas. No puedo hacer nada.
Es mi cuerpo irresistible.
Son mis ojos maravilla.
A veces hasta oteo
ambiente de fanáticas en celo
buscando los bikinis
más minúsculos. Los pechos
más firmes. Las chicas más tiernas.
Y a veces hasta elijo cuál usar
como máquina de sexo en madrugada.
Soy irresistible.
Soy irresistible.
Soy irresistible si el insomnio
me impide conciliar un dulce sueño.
Y es por esto que puedo
escribir los versos más cachondos
esta noche.

La primera vez (corto)

A mi perro

Arrastras esta hoja con los dientes mientras cuento
que te has portado mal y tú lo sabes.

No pido que comprendas las materias
de filósofos y genios elocuentes.
No aspiro a que te creas que hay un dios
y comulgues con la fe en la que he crecido.
Quizá nunca distingas los conceptos de izquierda ni derecha,
ni qué es sentir amor.

Me conformo, querido Goya
con que no te mees en el sofá, en las alfombras,
en el suelo de la cocina,
o cualquier lugar que encuentres
menos en los que te hemos asignado.

Tú no lo entiendes.
Tú sólo entenderás por nuestros gritos
que en casa tienes que ir a los periódicos
y que la calle es grande y tienes ancho mundo.

Si yo pudiera, si me dejaran
mear sobre la prensa diaria,
salir a la calle y cagarme en el mundo,
si yo pudiera, querido Goya, sería feliz.

Tú no me entiendes.
No sabes la envidia que te tengo.

Rebajas

Amanece gris el cielo y tú en rebajas.
De nada sirve ser un escultor de sueños
si la estatua cobra vida, rompe el molde
y abandona el hogar buscando un nuevo lecho.

Aunque no haya despedida saco siempre el pañuelo,
y sacudo en él todos los polvos que recuerdo.
Arderá el mar, contaré las gotas de rocío
que se pierden en las calles con el sol,
y no servirá de nada.

Sé que he nacido para morir solo
pero intento como un loco amarrarte;
y aun así nunca hago nada que te agrade,
y lo intento y cada vez sale peor.

Y nunca termino a tiempo la comida,
y abro el cajón y encuentro siempre la misma
fotografía,
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y yo empeñado en ser el mismo de antes.

Arderá el mar, lloverá el océano,
seguiré buscando el rastro de tus lágrimas,
y abriré el cajón y estará ahí, como siempre,
la misma fotografía,
y aun así estaré empeñado en ser el mismo de antes.

Y tú, como el ave que se oculta entre las sombras,
ya te habrás ido.