23 marzo 2021

JAMES PATTERSON

 


James Patterson de segundo, con su nombre oscurecido para no quitar protagonismo al más conocido. Al más conocido en España. En la sinopsis ni siquiera nombran a Patterson. Él, con 17 novelas seguidas en el número 1 del New York Times, récord Guiness por varias cosas, primer autor en vender un millón de ebooks, un señor que vende más que Stephen King, Dan Brown y John Grisham juntos, a quien acude Bill Clinton cuando quiere co-escribir una novela, el amor platónico de Marge Simpson.

Con lo que cuida cada portada, imagen, color y tamaño de los textos, espero que nadie le enseñe la edición española, el disgusto que se iba a llevar el pobre Jimmy.

 

12 marzo 2021

COSAS QUE NO OS IMPORTAN

Hoy he visto que "El duque y yo" de Julia Quinn está número 1 en una lista de los libros más vendidos en España. Seguro que hay, pero yo no me acuerdo, otro ejemplo de una novela rosa de una autora de género, publicada en una editorial especializada, que haya llegado tan alto en las listas. Y sólo me viene a la memoria, por compararlo, sin ninguna necesidad, con algo, aquella vez que “Al salir de clase” fue el programa más visto del día. (Vosotros aún no habíais nacido).

Julia Quinn ya había figurado, antes del éxito televisivo, entre los más vendidos del New York Times, e incluso en español para las lectoras entendidas creo que hace mucho que es una especie de George RR Martin de lo suyo. O mejor una Brandon Sanderson, por su ritmo de escritura.

Hace tiempo (un par de meses), tras el éxito de la serie “Bridgerton” empecé a leer "El duque y yo", libro en que se basa, para ver de qué iba el asunto, y me sorprendió lo bien escrito que estaba. No pasé del primer tercio, porque preferí imaginarme que todo el libro mantenía el mismo pulso, y decidí parar cuando parecían llegar los excesos propios de su género. Julia Quinn se preocupa mucho por  construir bien a sus personajes. Al ser novela rosa, cuya estructura ya conocemos todos sin necesidad siquiera de abrir el libro, (chico conoce a chica, no pueden estar juntos, sabemos que acabarán juntos, acaban juntos), la única innovación si pretendes hacer un producto con un mínimo de calidad está en la creación de los personajes, y por eso la señora o señorita Quinn se vuelca en su construcción. Todo esto no lo digo yo, lo ha dicho ella misma.

Y estaréis pensando, a nosotros todo eso qué nos importa. Bastante poco, supongo.

Ni yo mismo hubiera tenido interés en los Bridgerton si no apareciera por ahí como de paso Shonda Rhimes, que está últimamente la pobre cabizbaja en su casa comiéndose la cabeza porque antes (hasta 2016 más o menos), cuando la tenía contratada la ABC/Disney, no paraba de escribir capítulos como churros cada semana, y desde que la fichó Netflix (2017, no me hagáis mucho caso) y le adelantaron 300 millones de dólares, le ha dado la pájara y no teclea ni a tiros. (Lo que ella cuenta, a mí no me miréis).

Y encima de no tener ganas de trabajar, no para de darle vueltas a qué estarán pensando los de Netflix, que se esperaban un montón de series y casi cuatro años después solo ha aparecido y de refilón en los Bridgerton, y estamos todos a la espera de su nueva serie, está vez de verdad, "Inventing Anna", que debe de estar al caer, pero no nos flipemos porque es solo mini serie y no parece que haya nada más nuevo a la vista a corto plazo. 300 millones.

La que no para es Julia Quinn, cuya saga “Bridgerton” en papel da para varias temporadas televisivas (cada una enfocada en una pareja distinta de la familia) y además sigue escribiendo spin offs. Y las editoriales, listas que son, dejan a un lado las típicas portadas de foto con señor y señorita victorianos vestidos de raso, le dan un aire más fresco, y así los escaparates ya no se avergüenzan de exhibirlas.

Y mientras Julia escribe y escribe, Shonda Rhimes seguirá dándole vueltas a por qué dejó el canal ABC, y a si lo que comúnmente se conoce como "la gota que colma el vaso" no sería simplemente un malentendido.

Ya sabéis de lo que hablo, que Shonda, marido e hijas, al trabajar ella para Disney, tenían pase gratis a Disneyland, pero como Shonda no tiene marido, su pase era de la niñera. Y un día que ella, Shonda, no podía acompañarlas, porque de aquella no tenía tiempo porque entonces sí que trabajaba, iba a ir su hermana (la de Shonda) con la niñera y las niñas, y Shonda pidió un pase extra para su hermana, y le dijeron que no, y pidió que pudiera entrar con el suyo, pero son intransferibles así que tampoco, pero ella insistió e insistió, y tanto dio la paliza, doy por hecho (esto ella no lo ha dicho) que para comprobar su fuerza en la empresa más que por el dinero, que al final le dijeron que vale, pero llegó el día y al llegar a la puerta del parque de atracciones no había ni pase ni nada, y Shonda llamó cabreadísima, para que nos entendamos, al Ábalos de Disney, y este la mandó a tomar por culo. (Hay constancia de la frase exacta pero ahora no la recuerdo).

Así que se enfadó y se fue a Netflix, por lo que parece, a descansar, como un jugador de fútbol de esos punteros que ficha por el Real Madrid y justo se lesiona, o le da por el golf. Y nosotros, que la pandemia nos ha dotado de más paciencia incluso de la habitual, seguiremos esperando con tranquilidad a que a la señora, un día, le apetezca seguir escribiendo.